Relación de los cannabinoides y patologías mentales. El gato y el tejado.

CANNABIS (RICO EN THC) Y PSICOSIS: CORRELACION NO ES CAUSALIDAD DIRECTA, SINO INVERSA.

Introducción y resumen:

Qué relación guarda el consumo de cannabis rico en THC con respecto a la aparición de patologías mentales (básicamente esquizofrenia o algún tipo de psicosis) es, sin duda, uno de los asuntos más controvertidos con respecto a los riesgos asociados al consumo de cannabis rico en THC, para la salud de las personas consumidoras.

En este articulo trataremos de abordar esta relación entre cannabis y salud mental de manera honesta y directa.

Para ello, vamos a explicar en primer lugar que la correlación no es causalidad, para a continuación explicitar cómo el consumo de cannabis guarda una correlación temporal con respecto a la aparición de patologías mentales en aquellas personas que tienen una predisposición genética para ello, pero como dicho consumo no es causa directa de las mismas. De hecho, las ultimas investigaciones científicas al respecto señalan que la correlación entre consumo de cannabis (rico en THC) y patologías mentales se podría explicar por una causalidad inversa (es decir, no es que les aparezcan enfermedades mentales por el consumo de cannabis, sino que el conjunto de personas que consume cannabis lo hace porque ya tenían tendencia y predisposición a la psicosis, y muchas de éstas personas lo consumían precisamente como automedicación para controlar los síntomas incipientes de la psicosis.)

GATO CAUSALIDAD INVERSA
¿Qué relación guarda el gato con respecto al techo abollado?
Hay correlación temporal, pero se explica no por causalidad directa sino inversa.
No es que el techo este así porque ahí se haya puesto el gato, sino que, precisamente es a la inversa, el gato se ha puesto ahí porque el techo ya estaba abollado.


La correlación no implica necesariamente causalidad directa.

La correlación implica asociación, pero no causalidad. A la inversa, la causalidad implica asociación, pero no necesariamente correlación. Un fenómeno –o variable- “A” esta co-relacionado con un fenómeno –o variable- “B”, siempre que exista alguna relación (por ejemplo temporal) entre “A” y “B”. Pero , ojo, no por ello se sigue que “A” sea causa de “B”.
Tal vez “A” guarde algún tipo de correlación con “B”, pero posiblemente la causa de “B” sea más bien algún otro fenómeno (o variable), llamémosle “C”, que no se haya tenido en cuenta por algún tipo de sesgo epistémico.

Ilustremos el ejemplo de la diferencia entre correlación –temporal en este caso del ejemplo- y causalidad, con un caso práctico:
Hoy, ahora mismo mientras escribo sufro un dolor de cabeza intenso. Ante ese dolor llevo a cabo una acción A (véase, “encender y pagar la luz del flexo que tengo delante”), que será nuestro fenómeno o variable “A” = “enciendo y apago varias veces la luz del flexo que tengo delante ahora mismo mientras escribo” (fenómeno A).

Cinco minutos después, llevo a cabo la acción que tomaremos como el fenómeno (o variable B) “me tomo un ibuprofeno”(B)”. Al trascurrir una hora y media desde que me empezó a doler la cabeza, puedo corroborar con alivio que aparece el fenómeno (o variable C) “el punzante dolor de cabeza que padecía ha desaparecido por completo”; desaparición del dolor de cabeza = (C).

¿Qué relación guardan los fenómenos A, B y C?
Sin duda, “A” (= encender y apagar varias veces las luces del flexo) se llevo a cabo cuando todavía me dolía la cabeza y antes de “C” (“C”= que se me pasara dicho dolor de cabeza)… Pero el sentido común más elemental, así como el conocimiento científico colectivo acumulado durante generaciones, nos advierten que, aunque el fenómeno A sucedió antes en el tiempo que el fenómeno C, A no es causa de C. …a no ser que se mantengan ocultas para la ciencia las capacidades analgésicas y antiinflamatorias que mediante la radiación lumínica y/o calórica poseen los flexos de estudio (nótese la “fina” ironía!).
Más allá este ultimo comentario irónico, sobre las «propiedades analgésicas y antinflamatorias del flexo», en el ejemplo que dimos sí que podríamos encontrar una relación de causalidad, que va más allá de una simple correlación temporal (recordemos que la correlación temporal solo afirma que un fenómeno “A” se ha dado antes, después o simultáneamente a un fenómeno “B”). Estamos hablando del fenómeno o variable “B” es decir: el “ingerir un ibuprofeno”. En este caso “B” no guarda sólo una correlación temporal, sino que hay una asociación que además implica causalidad. Esto es: “B” (ingerir un ibuprofenos) SÍ es causa de “C” (desaparición del dolor de cabeza).


El ejemplo clásico de la literatura académica suele ser el de: en las ciudades donde hay más iglesias (A) , hay también más alcohólicos (B).

¿Significa esto que A es causa de B? ¿¿Las iglesias son entidades que propagan el alcoholismo??… no parece que asi sea, sin embargo es un facttum que en las ciudades donde hay mas iglesias, hay también más alcohólicos… “A” guarda relación con “B”, pero no parece que sea causalidad sino una simple correlación de cantidad: “A más iglesias, más alcohólicos”
…aunque sospechamos que la variable que es causa de ambas permanecería oculta, esta variable seria la “C” , por ejemplo, “Ciudades con mayor población”.
Una vez descubierta la variable “C”, sí que podemos afirmar que el que una ciudad tenga una población alta es causa de que tenga muchas iglesias y a su vez también de que tenga muchos centros de alcoholismo.
A Mayor población (C), más iglesias (A) y a mayor población (C) , más alcohólicos (B) , por consiguiente, más centros de alcoholismo.

Cannabis y patologías mentales ¿Correlación o causalidad? Datos relevantes con respecto a la problemática.

Existen estudios científicos han demostrado la asociación estadística entre consumo de cannabis y desarrollo de la esquizofrenia: la enfermedad hace su aparición con más frecuencia en personas que consumen cannabis que en aquellas que no lo hacen.
Pero el hecho de que dos fenómenos aparezcan asociados en el tiempo no significa que uno sea causa directa del otro (Recordemos: correlación no es, ni implica necesariamente, causalidad).
¿Cómo sabemos que esta asociación estadística no implica causalidad? Tal y como afirma el Dr. Fernando Caudevila (energy control) en el libro «Cannabis, Colectivo Interzona. Cannabis y Psicosis»: “La frecuencia de la aparición de la enfermedad (psicosis) permanece estable en EEUU y Europa, cuando, sin embargo, las cifras de consumo de cannabis (rico en THC) se han incrementado exponencialmente desde los años 50″.

Si hubiese una relación de causalidad directa, cabria esperar que el número de personas diagnosticadas se incrementasen de manera paralela al número de personas consumidoras de cannabis, lo que definitivamente no ha ocurrido ya que el porcentaje de personas usuarias se ha disparado en los últimos cincuenta años, mientras que el de personas diagnosticadas con psicosis u otras patologías mentales graves se ha mantenido estable en torno al 1%.

Con la misma rotundidad con la que afirmamos que el cannabis rico en THC no causa patologías mentales, respaldándonos en los datos, hemos de afirmar también que el cannabis rico en THC sí que puede ayudar a desencadenar patologías mentales graves en aquellas personas que tuviesen una predisposición genética para las mismas. ¿Cómo lo sabemos? Pues de nuevo acudiendo a los datos: La prevalencia de consumo de cannabis rico en THC es mayor entre las personas diagnosticadas con esta clase de patologías, que entre las personas no diagnosticadas. Es decir, si tomamos el total de las personas diagnosticadas con patologías mentales, el % de personas consumidoras de cannabis rico en THC es mayor, que si tomamos el total de las personas no diagnosticadas.

Estudios longitudinales indican que el consumo intenso de cannabis incrementa hasta en 2,6 veces el riesgo de presentar algún trastorno psiquiátrico en caso de estar predispuesto genéticamente para ello.

Si el cannabis únicamente afecta a aquellas personas que ya tenían predisposición genética para tales patologías, se abre una nueva posibilidad que explique la relación entre consumo de cannabis y psicosis (u otras patologías mentales de esa misma índole), esta posibilidad seria la relación de una causalidad inversa: es decir, no es que el consumo de cannabis provoque psicosis u otras patologías mentales, sino que el hecho de que aquellas personas ya padecen tales dolencias, provoca que muchas de ellas consuman cannabis como una forma de automedicación, como una especie de «muletas bio-químicas» que le ayudan a seguir hacia adelante disminuyendo la sintomatología (al menos en el corto-medio plazo, a pesar de que, a veces, en el largo tal vez se empeore, tal y como como ocurre con otras muchas medicaciones no cannábicas para paliar síntomas).

En este punto, podemos acudir a la imagen del gato en el tejado abollado que encabeza esta entrada al blog.

En ella se nos muestra muy claramente la diferencia entre causalidad directa y causalidad inversa: No es que el techo este abollado porque el gato se postró ahi, sino que justamente al contrario, el gato se tumbo ahí precisamente porque el techo ya estaba abollado y de esta manera le proporcionaba, seguridad, calor, confort y una buena posición de vigilancia debido a la altura.

Algo así es justamente lo que puede ocurrir con el consumo de cannabis y la salud mental: tal vez hayamos estado poniendo «los burros detrás del carro» al pensar, equívocamente, que era «el gato» el que había causado «la abolladura» cuando hemos interpretado que el cannabis guardaba una relación de causalidad directa, en lugar de una causalidad inversa, como en el caso del gato y el techo abollado que acabamos de ver, entre su consumo y la aparición /desarrollo de psicosis u otras patologías mentales.

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